Hace tiempo que buscaba un hueco para sentarme a meditar sobre mi vida, mi esencia, mi alrededor. Y justo hoy ha llegado el día, sentada en el sofá, mirando por la ventana la oscuridad del cielo, y el viento que golpea las ramas de los árboles desnudos, en una fría tarde de invierno.
Si algo me fascina es hablar con mi abuela sobre su juventud mientras vemos las miles de fotos que guarda en un baúl, y me pregunto sobre las sensaciones que tendría en el instante en que se tomaron esas imágenes, las historias que transcurrían en ese momento, y la elegancia con la que lucía esas prendas que tanto me gustan, hablo de los maravillosos años cincuenta.
Manuel y Loreto, Sevilla 1955.
Antes se valoraban cosas tan sencillas como sentir un cosquilleo al ver llegar a tu media naranja para pedirte, por sorpresa, un paseo en bicicleta y contemplar las flores de la primavera que ya llegaba. O sentarte junto a él comiendo unas palomitas antes de que anocheciese. Eso era apreciar, simplemente, estar frente al amor de tu vida, mientras te miraba observando lo guapa que estabas con el vestido que tú misma habías elaborado.
Me gusta mucho oírla hablar de su familia, de sus amigos, y sobre todo de lo bien que lo pasaban en los guateques, esa palabra que quedó olvidada hace tiempo y que se remplazó por las fiestas de discoteca. ¡Cómo me habría ilusionado vivir una tarde en esa época, ver con mis propios ojos y sentir lo que mi abuela me cuenta!.
Cierro los ojos y me la imagino eligiendo uno de sus vestidos reservados para un evento especial, combinándolo con un bonito collar y unos pendientes a juego, un pañuelo atado con cuidado al cuello, un sombrero y los tacones preparados para bailar pisando fuerte. Y como no, mi apuesto abuelo esperando para verla bajar por las escaleras luciendo radiante.
Pensar que estamos perdiendo esa esencia que transmite lo vintage, me da pena, porque ahora se lleva abrir el armario abarrotado de ropa y decir “no tengo nada que ponerme, necesito ir de compras”, y me pregunto por qué hemos llegado a eso. El arte de combinar las prendas de tu vestuario con los complementos ideales, se está disipando porque somos la generación de las cosas fáciles, y en lugar de lo elegante y práctico buscamos la abundancia hasta un punto que no sabemos ni darle uso.
Muchas veces veo una de mis películas favoritas, Grease, para situarme en ese ambiente e intentar interiorizar el sentimiento de los años cincuenta. Por suerte, actualmente se habla mucho de la moda vintage, y cada vez somos más los que nos sentimos identificados con ella, esto puede ser el principio de la vuelta a la realidad.
Quiero hacer mención especial a la Moda Sostenible, y es que su filosofía es la de dar valor a la historia que hay detrás de cada prenda, y eso justamente es lo hemos dejado atrás sin darnos cuenta y que debemos hacer que se inculque en nuestra cultura actual.
By Marisol Domingo colaboradora de “Slow Fashion Spain“.
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20 marzo, 2013 19:19
Antes la vida se disfrutaba, cada pequeña cosa era paladeada como algo nuevo y excitante. Ahora nos domina una sensación monótona de hastío y desencanto. Incluso el retorno a estilos antiguo, lo vintage, es por aburrimiento cuando debía ser una actitud como de protesta ante tanto borreguismo y uniformidad.